Solo se trataba de sentirlo. Ese era la intención. Y aunque nunca llegue a creer en nosotros, me despertaba cada mañana construyendo ilusiones que no podían partir de una base tan endeble como la que creabamos a escondidas del mundo.
Sí, después de 365 días, sigo preguntandome ¿Por qué me deje llevar?
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