El humo del cigarrillo se disipaba en el aire mientras ella apoyada en la ventana miraba hacia el infinito. Tenia el pelo alborotado, la blusa desabrochada, dejando a la vista de curiosos el encaje de florecillas de su sujetador nuevo, el rimel corrido por su cara y los labios cansados tras esa larga noche. Una sombra apareció detrás de la joven, el hombre de pelo desaliñado aspiro la ultima calada a su cigarro y lo apago restregandolo fuertemente por el bordillo de la ventana mientras le echaba el humo al rostro de la joven, mientras ella permanecia inmune ante tal gesto. Cuando era pequeña había soñado tener a todos los hombres que ella quisiera, pero no se había dado cuenta de que el precio a pagar era que ellos no la valorasen. Hacia años que añoraba que le dieran un beso en la unión del cuello con la espalda, un rostro conocido cada noche, un te quiero entre sabanas...
Tiró el cigarrillo al aire y sus manos temblorosas comenzaron a abrochar los botones de la blusa, quizás no era demasiado tarde para cambiar su destino.

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