3.4.12

mirame, soy feliz, tu juego me ha dejado así.

 Dormirmos pensando en esas frases que tendremos que decir, a donde deberemos de mirar, evitar el temblor de las manos y sobretodo intentar aparentar que somos superiores a la situación. todos los días  nos levantamos esperando tener el nivel de valentía por los cielos y ser capaz de vivir en las alturas. Si, los derrumbamientos a veces son necesarios, pero sin abusar, simplemente hay un momento estimado para lloriquear, y después es cuando nos hacemos mas fuertes, cuando toca enfrentarse a la realidad con la cabeza bien alta, a pesar de que creemos que lloraremos al encontrarnos cara a cara con nuestro gran miedo. 























Y a la hora de la verdad nada de lo planeado sirve, es imposible notar como el temblor sube desde nuestras piernas hasta nuestra voz, y miramos al suelo en vez de al cielo, escrutamos cada piedrecita negra que forma el asfalto, y para nosotros pasan horas en cuestión de segundos, pero no de la manera en la que nos gustaría. Y entonces termina, respiras esperando a notar el dolor y sin embargo esa sensación no aparece, quizás un poco de nostalgia, y tal vez rabia por la impotencia. Pero a medida que pasan los segundos, te olvidas y te das cuenta que no hacia falta esos mil ensayos enfrente del espejo y que tal vez lo que te hace grande y superior es tenerle delante. 

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