Cuanto mas tienes que hacer, menos piensas, no hay tiempo para suspiros, ni para lloriquear y menos para recordar, sin embargo esas vagas imágenes de verano o de aquella noche en la playa o el recuerdo del olor de su pelo y el sabor de su piel saben perfectamente como escabullirse de todo, saben como plantarse perfectamente en mitad de una noche, mientras desesperadamente intentas arreglar los estropicios de tu vida, y ya da igual que tipo de música pongas, o intentar despejarte, si los recuerdos quieren hacerte daño, lo harán, como siempre.
Solo tendrás que resignarte a odiarte durante un par de minutos, manchar de lagrimas las hojas, volver a odiarte y prometer que no volverá a suceder esa situación. Y durante un par de días creemos fielmente en lo que juramos, luego la idea se disipa como todo en esta vida.

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