11.5.11

estúpidas estupideces

He vuelto a cometer la misma estupidez al volver a mi casa. He vuelto a pasar mi mano por aquella alambrada. como antes, como hacía todos los días. Mis dedos se han vuelto a encontrar con esos alambres oxidados y sucios, sintiendo ese traquiteo en ellos y después palpando esa suciedad y cada mota de polvo recogida.
Recuerdo cuantas veces lo hice con él, cuantas veces le dije que me encantaba ensuciarme los dedos porque era lo peor que me podía pasar en aquellos largos días de verano que pasaba  su lado. Pensaba que algo malo tenía que tener mis días, porque todo lo demás eran exceso de sonrisas y besos, tenía que crear un equilibrio y mi manera de equilibrar las cosas era  acariciar la sucia  alambrada.
Dejé de hacerlo durante un tiempo. No me gratificaba esa estúpida actuación, porque nada me iba bien y ensuciarme las manos no mejoraba nada, solo me haría estar un par de minutos lavandome las manos con un buen estropajo.

Hoy lo volví a hacer, pensaba en , en tu orgullo diario, en tus medias sonrisas, en tus caricias en mi cuello, en tus ojos ... y quise volver a ensuciarme mis dedos, para crear el equilibrio.

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