Aquella joven se habia tragado cinco bolsitas pequeñas de cocaina. las llevaba en su estomago. le habian producido el coma y no para de convulsionarse. necesitabamos operarla, sacarle esos paquetes antes de que acabaran abriendose en su interior y fuera demasiado tarde.
el doctor estaba delante mio. las constantes eran normales. por ahora todo iba bien. pedi unas tenazas para comenzar a sacar la cocaina del interior.
Mientras, en mi mente una voz no paraba de perguntarme ¿ por que? ¿ por qué habia decido ser una maleta, un simple objeto? ¿por cien euros merecia la pena sufrir y arriesgarse a perder la vida? si, si que valia. para esas personas, ese tipo de personas que buscan deseperadamente alguna manera de vivir.
el doctor me miró y me sonrio, lo note porque, a pesar de que llevaba la mascarilla, las arrugas se le marcaban al ensancharse la mandibula.
- ¿como te fue anoche con marc?- pregunto mientras sacaba la tercera bolsa de cocaina.
-bien , bien.
derrepente el puslo de la joven se perdio, habia estado perdiendo demsiada sangre, intentamos recuperar aquella alma que se encaminaba a algun lugar. pero despues de varios intentos, ese corazón no volvió a latir. mire mis manos con los guantes llenos de sangre, mire el interior de su estomago, tan solo nos quedaban dos bolsas... con eso tenia para que unas 30 personas se hicieran un par de rayas, eso es lo que costaba la vida de ella. volvi a mirar al doctor, el cual otra vez me sonrió y en un tono alegre y familiar me pregunto:
- te apetece cenar conmigo?
me quedé dubitativa y recorde la primera y unica ley de un cirujano. Jamás dejes que la muerte te afecte.
me quite los guantes, me peine como pude con las manos y mire al hombre que tenia enfrente mio: claro que quiero. en medio nuestro, aquel cadaver abierto, fue testigo de nuestro comienzo.
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